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jueves, 15 de abril de 2010

CristianKilyGonzalez.blogspot.com: "Como en el 98, Boca está obligado a empezar de cero" (Yahoo deportes)

Mayo estaba por llegar a la mitad en 1998. Mauricio Macri estaba en Buenos Aires y Carlos Bianchi en París, pero se encontraron en Madrid. Luego de dos días de reuniones entre el presidente de Boca y el DT, ambos sabían que iban a trabajar juntos. Los detalles del vínculo tardaron una semana más, pero en esas siete horas de charla se habló de un proyecto, del plantel, de un estilo de conducción, de las inferiores, del manejo del grupo, de los métodos de entrenamiento, de la duración del contrato. Valga la redundancia: de un proyecto.

La situación institucional xeneize no era tan distinta de la de ahora. Macri venía de elegir a dos entrenadores por las encuestas, pero Bilardo y Veira se fueron por la puerta de atrás luego de gastar, cada uno, cerca de 40 millones de dólares en refuerzos y de probar con nombres como Maradona, Caniggia, Verón, Kily González, Fabbri, Rambert, Latorre, Solano, Vivas, Pineda, Cardoso, Navarro Montoya, Giunta, Sava, Cedrés, etc? El clima político interno tampoco distaba mucho del actual, aunque Macri tomaba decisiones que, después, podían ser compartidas o no por la gente. Pero Macri sabía que un error en la designación del tercer DT podía ser el final de su carrera como presidente de Boca. Si ni Maradona ni Caniggia ni Bilardo le aseguraron ser campeón, ningún nombre -por sí solo- lo iba a ser.

El Virrey llegó, estableció pautas de convivencia, rescató a jugadores que luego fueron la base de su ciclo e incorporó por muy pocos dólares en comparación a sus antecesores.

En su momento, Macri no eligió por encuestas ni por amiguismo ni pensando en cómo iban a reaccionar los hinchas. Eligió un proyecto que estuviera por encima de los nombres y lo respaldó. Eligió empezar de cero. Hoy, Ameal está en una situación parecida a la del 98. Ni Riquelme ni Palermo le aseguran protagonismo o ganar un campeonato. Y encima, con el último escándalo, ellos le dejaron servidos en bandeja los boletos de salida.

miércoles, 27 de enero de 2010

CristianKilyGonzalez.blogspot.com: "Hibernar hasta que se recupere la vieja mística" (CanchaLlena.com)

Corría el invierno de 1998. Mauricio Macri estaba ante una de las decisiones más importantes como presidente de Boca. Debía designar al tercer DT de su gestión, luego de los fallidos ciclos de Carlos Bilardo y Héctor Veira. "Hasta acá, escuché a la gente y me guié por las encuestas. Ahora decido yo", dijo. Se tomó un avión a Madrid y tras siete horas de charla se convenció: Carlos Bianchi era el elegido.
Macri sabía que no podía fallar. Se dejó llevar por sus convicciones y por sus gustos futboleros. Bianchi tenía que armar el grupo por encima de las individualidades para sacar a Boca del "cabaret" por el que pasaron Latorre, Bilardo, Veira, Maradona, Caniggia, Kily González, Verón, Fabbri, el Pájaro Hernández, Manteca Martínez, Solano, Rambert, Pineda, Guerra, Tchami…
El resto es historia conocida: Macri, con los nueve títulos del Virrey, más los cinco de Basile, la Sudamericana de Benítez y la Libertadores que aportó Russo, se convirtió en el presidente xeneize más exitoso. La llegada de Bianchi fue la piedra basal de su ciclo. El Virrey generó un récord en vueltas olímpicas, posicionó al equipo a nivel internacional y contagió una mística en los jugadores que, con el paso del tiempo, se transformaron en referentes y guiaron a las futuras generaciones. Mística que estuvo viva hasta no hace mucho...
En este agitado verano de 2010, Jorge Amor Ameal se encontró ante uno de los momentos más importantes como presidente de Boca. Designó a Abel Alves, el tercer DT de su ciclo tras Ischia y Basile. Pero, en realidad, y como ya lo había sugerido Macri, piensa en la vieja mística. Y el Mellizo Barros Schelotto sería el hombre para otra reconstrucción en unos meses.
Hasta aquí, a Ameal no le alcanzó con Bianchi de manager, con Basile como DT, con referentes como Palermo, Riquelme, Battaglia, Abbondanzieri, Ibarra; refuerzos como Insúa, Medel, Rosada y jugadores de las inferiores como Monzón, Gaitán, Mouche, Viatri, Muñoz, Roncaglia, Forlín...
En 1998 Bianchi rescató a Samuel, Riquelme, Córdoba, Bermúdez, Serna, Guillermo, Palermo; recuperó a Basualdo y contrató a Ibarra. Hizo un superequipo. En junio, cuando se venzan los contratos de Palermo, Riquelme, Morel Rodríguez, Battaglia, Ibarra y de Paletta, se resolverá si alguno es rescatable para acompañar a los más chicos.
Puede funcionar lo de Alves. Aunque si la jugada sale mal, ya no estará el Bianchi manager y los dirigentes que habían perdido terreno en las decisiones futbolísticas dejarán de agitar las aguas. Ameal confía en que, con calma, Boca sobreviva a la hibernación. Y una vez superado el modo de espera, se active la reconstrucción. Con la vieja mística y con el preferido de Macri.